Cuba

‘Cuba y el camarógrafo’: Las caras de la revolución

La revolución tiene muchas caras. Se disfraza, se camufla, se honra y se reinventa. Un revelador retrato sobre Cuba sigue las vidas de Fidel Castro y de tres familias cubanas afectadas por su política durante las últimas cuatro décadas.

La cámara del estadounidense Jon Alpert filmó durante 42 años los diferentes matices de la revolución cubana. En sus palabras: “un experimento social que enfureció e inspiró” al mundo, y que sigue haciéndolo en la actualidad.

Producido por Netflix y estrenado en setiembre, el documental Cuba and Cameraman(Cuba y el camarógrafo) fue creado a partir de mil horas de grabación, tomadas por Alpert en sus múltiples viajes a la isla desde el ascenso de Fidel Castro al poder en 1959.

“Una obra de humanismo de la vieja escuela que oscila entre el fervor pro revolucionario y una postura documental más objetiva, Cuba and the Cameraman se sustenta en los fuertes lazos de confianza que el gregario Alpert evidentemente ha podido mantener con los cubanos en varios niveles de esta sociedad teóricamente sin clases”, escribió Variety sobre la cinta.

Alpert, ganador de varios Emmy y nominado dos veces al Óscar por sus documentales, llegó por primera vez a Cuba en 1972, con apenas 20 años.

En su película, el documentalista crea un viaje en el tiempo y sobre todo, una revisión hacia los éxitos y fracasos de la historia de la revolución, desde la llegada del castrismo y la caída de la Unión Soviética hasta el presente.

“Me dijeron: ‘¿qué haces?’; y yo respondí: ‘quiero ver Cuba’”, recordó el cineasta en una conferencia de prensa sobre su primer viaje, en el que llegó junto a su mujer a bordo en un velero y ambos fueron arrestados. “Ellos me explicaron que no podía. Les llamé locos: ‘Tenés un país precioso, ¿por qué lo escondés?”.

Era la primera vez que el cineasta salía de Estados Unidos y llegó a la isla porque representaba un “territorio” prohibido. Quería además entender cómo trataban temas como la salud y la educación, dos de los más importantes logros que se le rescatan históricamente a su sistema socialista.

Al recorrer la isla, el veterano reportero quedó enamorado de su realidad. Le contó a la agencia Efe que fue ahí donde comprendió “la importancia de ser capaz de ver las revoluciones de cada época” y por eso decidió regresar en los años posteriores.

Tres casos de familias son puestos en cámara para explicar el país: Caridad, una joven que se casó con 14 años y que terminó emigrando; los hermanos Borrego, tres víctimas del desabastecimiento, y el desempleado Luis Amores.

También muestra a Fidel Castro desde una mirada cercana. Con él conversó en varias ocasiones, siguiéndolo incluso en el viaje que el comandante realizó a Nueva York en 1979 para hablar en la Organización de las Naciones Unidas.

Lo muestra también fumando y despreocupado. “Mi chaleco es moral, muy fuerte y me ha protegido siempre”, señaló Castro en el filme sobre su ausencia de chaleco antibalas y con el pecho descubierto.

Durante el paso del tiempo, Alpert regresó a la isla siguiendo a las familias para mostrar la situación sociopolítica del país y su evolución, desde el punto de vista de sus ciudadanos y el de su líder, fallecido el año pasado.

“A través del testimonio de sus ‘amigos’, el reportero recorre los altibajos que sufrió el país, en los éxitos de sus servicios públicos pero también en momentos críticos como el éxodo migratorio del Mariel en 1980 o la escasez que azotó la isla por el bloqueo”, adelantó Efe sobre la cinta. “Alpert lamentó que ‘realmente no había nada que pudiera hacer para ayudar a la gente que se había convertido en amiga’ y que sufría hambre e incertidumbre. ‘La parte más difícil y emotiva de la grabación’”.

En la entrevista, aseguró que los cubanos tienen “un país único y maravilloso a pesar de su extraordinaria diversidad y retos”. También destacó el “espíritu verdaderamente feliz” contrastante con la realidad europea.

Al preguntársele sobre el balance del sistema cubano, indicó que la isla “estableció unos cambios sociales realmente emocionantes. ¿Quién no quiere escuelas buenas y gratuitas? ¿O una buena sanidad pública sin costo? ¿O un precioso sitio en el que vivir? Llevaron a cabo tremendos avances”, expresó.

Sin embargo, no todas sus apreciaciones son positivas: criticó el acceso a los servicios básicos. “Tenían buenas escuelas pero luego su ducha no funcionaba”, agregó. “¿Podrían haberlo hecho mejor? Por supuesto. Todo se puede hacer mejor”, aseguró el cineasta, para después sospechar que el proyecto socialista, como todo, “no durará para siempre”.

Debido al acceso exclusivo de Alpert a la isla, y la confianza y las amistades que construyó por décadas, esta película ofrece algo difícil de lograr: un retrato sincero y revelador de Cuba.