Cuba

Yo valgo más vivo que muerto: Ernesto Che Guevara

Yo valgo más vivo que muerto: Ernesto Che Guevara

Gary Prado es un hombre sereno. Con mucha calma e innumerables detalles relata cómo detuvo al que en ese momento era el guerrillero más famoso del mundo, Ernesto Che Guevara, y cómo fue fusilado hace 50 años, el 9 de octubre de 1967.

A sus 79 años, Prado rememora esos días que impactaron al mundo desde su estudio, lleno de recuerdos de su paso por el ejército y como embajador de Bolivia.

¿Cómo capturaron al Che?

En la madrugada del día 8 de octubre, un puesto militar que teníamos en La Higuera (…) me comunica por radio que un campesino había llegado con la información de que por la noche vio pasar al grupo guerrillero en el interior de una quebrada (del Churo).

Yo dispuse que se entrara desde arriba y desde abajo, pero los de arriba fueron detenidos por los guerrilleros, que mataron a dos soldados.

Yo me quedé abajo y empezamos a avanzar desde abajo, bloqueando hacia arriba. Fuimos eliminando a los guerrilleros, y el Che y Willy (Simeón Willy Cuba Sanabria) trataron de salir de la encerrada por una fisura que había, pero yo tenía gente también controlando esas áreas. De manera que cuando los soldados llegaron y les ordenaron rendirse, se rindieron.

Llegué y les pregunté ‘¿usted quién es?’ Uno dijo Willy, y yo sabía que era Simeón Cuba, boliviano. “¿Y usted?” “Soy el Che Guevara”. Lo miro y le pido que me muestre su mano derecha, donde tenía una cicatriz. “Yo valgo más para ustedes vivo que muerto”. Se le veía un hombre derrotado, en el fin de esta aventura.

Los hice trasladar al puesto de mando que tenía allí, bajo un arbolito, amarrados de pies y manos, por si acaso, porque había todavía un grupo allí combatiendo, y me volví a la quebrada.

Cuando regresé más tarde, me dice: “¿no le parece una crueldad tener a un hombre herido amarrado?” Y ahí me mostró que tenía la entrada de un proyectil en la pantorrilla, aunque no sangraba. Le hice soltar las manos y me pidió agua y fumar.

El combate continuó todavía una hora más, y cuando terminó, que estaba atardeciendo, salí con toda la tropa y los heridos y muertos hacia La Higuera. Cuando llegamos pusimos al Che en una pieza y a Willy en otra en la escuelita. No era más que una pequeña cabañita con dos piezas.

¿Por qué lo mataron al día siguiente?

Por la mañana llegó el comandante de división, le informé y me volví a la quebrada porque seguía habiendo unos guerrilleros (…) Y cuando retorné cerca de la 1 de la tarde con todas las tropas, ahí me informa mi comandante de batallón que el Che había sido ejecutado.

Él recibió una orden del alto mando militar. El Presidente, el comandante en jefe y el jefe del Estado Mayor se reunieron y decidieron que era mejor ejecutarlo para evitar más problemas al país.

¿Se buscó un voluntario?

Se llamó a los suboficiales y sargentos que estaban en ese momento en La Higuera, que eran siete. Y los siete se presentaron voluntarios. Teníamos cuatro soldados muertos de mi compañía, cuatro de la otra, varios heridos, era la euforia del momento.

El coronel, que no conocía personalmente a los sargentos y suboficiales, les dijo al azar: “usted allá y usted, allá”, señalando las piezas donde estaban los prisioneros. Estaba cada uno con su carabina, abrieron la puerta, dispararon y salieron. No hubo discursos de despedida, tanto invento que se ha hecho después.

Después se llevaron los cuerpos en helicóptero a Vallegrande, el del Che fue en el último vuelo.

¿Qué piensa cuando el Che es venerado como un santo en Vallegrande?

Son las consecuencias de los cambios políticos, porque resulta que el Presidente actual es un fanático del Che. No sabe ni quién era ni cómo era (…) y además ha recibido una enorme influencia de Cuba, que maneja prácticamente el servicio secreto boliviano.

No se olvide usted que con el mito del guerrillero heroico que se ha creado después, el Che le ha servido más muerto que vivo a Cuba. Porque no hay que olvidarse una cosa que ahora ya está plenamente demostrada: al Che lo sacaron de Cuba, lo mandaron primero al África, para librarse de él. Él mismo lo escribe en La historia de un fracaso.