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Las metamorfosis de un auto en Cuba

Las metamorfosis de un auto en Cuba

Cuando nueve meses después de cambiar la estructura de su auto, Reinier fue a legalizar el motor ante las autoridades, encontró que “una nueva resolución había cambiado” y que ya no tenía el permiso para alcanzar su objetivo. Su viejo Dodge Kinsway del 58, un imponente carro estadounidense que le sirve de taxi, ya no podía “botear”.

En un improvisado taller para repariciones “criollas”, a mediados de 2015 comenzó la odisea. Lo de siempre: muchas capas de chapistería, recursos y paciencia requirió para transformar aquel mastodonte americano, al estilo de muchos que ya circulaban por las calles de su provincia natal, Pinar del Río, con el techo alargado y un aumento de su capacidad de pasajeros.

“En la Dirección de Tránsito me dijeron que para picar el techo, como el carro no tenía alargamiento del chasis, no necesitaba hacer el proyecto técnico; solo picarlo y se legalizaba. Como estaba en mal estado y había que chapistearlo de todas maneras, aproveché para hacer las modificaciones, que se autorizaban en ese momento”, cuenta Reinier.

Poco a poco el Dodge, perdió su parte trasera original, baja y aerodinámica. La idea era quitar el lugar donde se encontraba el maletero, estirar la cubierta superior y con esto ganar plazas para el transporte.

 Eduardo González

“En realidad carros originales quedan muy pocos, la mayor parte están modificados, porque las personas los transforman para aumentar capacidad. En la Terminal Provincial de Ómnibus los ves a todos y ninguno es original. Ellos lo hicieron antes de que llegara esa resolución”, explica Reinier, quien lleva varios años boteando.

Muchos de sus compañeros, cuentapropistas como él, poseen autos similares, de distintas marcas, los cuales, a veces, solo conservan el nombre del original.

Un año ha transcurrido desde que decidió iniciar la transformación, y ahora se ve envuelto en otra. En un plazo de treinta días –fijado por las autoridades-El Dodge será una camioneta, nada de lo que soñó al comenzar en aquella ocasión.

“Gasté miles de pesos, por la parte baja calculo que 50 000 mil. Llegué hasta pasar el somatón, para sacar la licencia operativa, lo que quiere decir que mi carro no tiene problema ninguno; el lío es cuando fui a Tránsito a legalizar el motor”, cuenta.

“Me dijeron que eso ya no procedía por una resolución que habían bajado y me retiraron la chapa y la circulación. Me dijeron que dónde estaba el papel que ellos habían firmado autorizándome a hacer eso, una cosa que de palabra en tres ocasiones habían dicho que sí. Como yo, en Pinar del Río, hay varios casos así. Después, en el registro de vehículos nacional, en Vía Blanca y Agua Dulce, me dijeron que hay más de 3000 carros así en toda Cuba”, dice Reinier.

Allí le sugirieron que hiciera el proyecto técnico para convertir su automóvil, remodelado, en una camioneta de doble cabina, de cuatro puertas, con plataforma y sin techo detrás. Así comenzaría el nuevo acto de transformismo para un desconocido modelo del año 58, que en un plazo de un mes, debería presentar y legalizar.

 Eduardo González

“Ahora estoy haciendo un “picotillo de carro”, con el gasto de más chapas y con el trabajo de más chapistas, y pierdo el carro que tenía en principio. En otras provincias, como Artemisa, por ejemplo, si se podía hacer alargamiento de chasis y aumentar plazas, como hizo un amigo mío que tenía dirección de allá”, afirma.

Pronto del Dodge quedarán solo recuerdos y una denominación, pues la figura estilizada será completamente distinta, y hasta podría pasar a manos de un nuevo dueño.

“Está bien, la resolución la bajaron, pero no hubo nadie nunca que defendiera los carros que habían autorizado a picar. Había que haber dado una fecha tope, no sé, porque durante 2015 entero, la gente estaba haciendo eso. Hay varios casos como el mío y otros que no se atreven a ir allí y andan ilegal por las carreteras de Pinar del Río”, afirma Reinier, que enseña las partes desechadas y el esqueleto de una camioneta en metamorfosis, que alguna vez fue su viejo Dodge Kinsway del 58.

Fuente: El Toque